La ubicación sigue siendo determinante —el barrio, los servicios, la conectividad, el entorno—, pero a ella se suman las calidades constructivas del inmueble, los materiales empleados, el diseño de las zonas comunes y la capacidad del edificio para generar bienestar más allá de sus metros cuadrados.

La eficiencia energética se ha convertido en prioridad real. Los compradores son cada vez más conscientes de que los materiales, el aislamiento y los sistemas instalados en una vivienda tienen un impacto directo y duradero en su calidad de vida —en el confort térmico, en la factura mensual, en el valor del inmueble a largo plazo—. Una vivienda bien construida no solo es más cómoda: es más barata de mantener y más valiosa con el paso del tiempo.

Por este motivo es importante la certificación energética de la vivienda.

 

¿Qué es la certificación energética de una vivienda?

La certificación energética es un documento oficial obligatorio en España desde 2013 que evalúa el consumo de energía de una vivienda y las emisiones de CO₂ que genera. Su resultado se resume en una letra que va de la A (la más eficiente) a la G (la menos eficiente), de forma similar a la etiqueta que ya conocemos en los electrodomésticos.

Este certificado es emitido por un técnico habilitado —arquitecto, ingeniero o aparejador— tras inspeccionar el inmueble, y debe estar registrado en el organismo competente de la comunidad autónoma correspondiente.

La mayoría del parque residencial español se concentra en las letras D, E y F. La obra nueva construida con el Código Técnico de la Edificación (CTE) actualizado desde 2020 debe alcanzar como mínimo la letra B o C.

 

¿Qué mide exactamente la certificación energética?

 

El certificado evalúa varios factores del inmueble:

  • Aislamiento térmico: paredes, ventanas, cubierta y suelo.
  • Sistema de calefacción y refrigeración: tipo de equipo, rendimiento y combustible.
  • Agua caliente sanitaria (ACS): eficiencia del sistema de producción.
  • Iluminación (solo en locales y edificios no residenciales.)
  • Orientación y diseño del edificio: captación solar, sombras, ventilación natural.

 

¿Por qué importa la certificación energética al comprar vivienda?

 

Impacto directo en la factura energética

 

La diferencia entre una vivienda con letra G y una con letra B puede suponer entre 800 y 2.000 euros anuales de diferencia en el gasto de calefacción, refrigeración y agua caliente, dependiendo del tamaño y la zona climática. A lo largo de 20 años de hipoteca, ese ahorro puede superar los 20.000–40.000 euros.

Confort térmico real

Una vivienda bien aislada no solo gasta menos: mantiene una temperatura estable con menos esfuerzo. En verano entra menos calor; en invierno retiene mejor el calor interior. Menos corrientes, menos condensaciones en ventanas, menos humedad.

Valor de reventa y liquidez

Los datos del mercado europeo muestran una prima de precio creciente para las viviendas con alta calificación energética. En España, los inmuebles con letra A o B ya se están vendiendo más rápido y a mayor precio que equivalentes con letras bajas en el mismo edificio o zona.

 

Normativa europea: el futuro ya llegó

La Directiva Europea de Eficiencia Energética de Edificios (EPBD), aprobada en 2024, obliga a los estados miembros a renovar progresivamente los edificios residenciales con peores calificaciones. En la práctica, esto significa que una vivienda con letra F o G perderá valor más rápido en los próximos años y puede llegar a ser difícil de alquilar o vender sin reformas obligatorias.

 

Grupo Ibosa tiene un compromiso firme con la eficiencia energética en todos sus desarrollos, tanto en vivienda protegida como en vivienda libre.

 

Para lograrlo, Grupo Ibosa pone todos los medios técnicos y constructivos necesarios desde el diseño de cada promoción.